La primera estación del interior del país padece un deterioro continuo por el vandalismo y la inactividad. Vecinos y actores culturales impulsan proyectos para rescatar un hito que conectó a la ciudad con la historia nacional.
Continuando con el informe iniciado la semana pasada sobre la situación del Molino de Bosch y las alertas por el patrimonio local, mantenemos el diálogo con la investigadora y fotógrafa Alejandra Freire Manggini. Frente a la indiferencia institucional y el avance inevitable del deterioro, la comunidad pedrense ha comenzado a movilizarse. La propia estación de trenes de Las Piedras fue escenario de un llamado de atención abierto que convocó a medios nacionales, visibilizando la urgencia de actuar antes de un colapso definitivo.
Al analizar la situación de la estación ferroviaria, la investigadora enfatiza que el deterioro no ocurrió de la noche a la mañana, sino que es el resultado directo de años de inacción: “Lamentablemente debió haber acciones hace mucho tiempo; fue más fácil la indiferencia que la gestión”.
Cerrado e inactivo, el inmueble padece las consecuencias del vandalismo, la falta de mantenimiento y el desinterés de las autoridades. “Presenta un deterioro significativo: techos con maderas rotas o caídas, pisos de tablones agujereados y tejas destruidas. El andén sufre un desgaste grave en sus columnas de madera; si termina cediendo, será muy difícil reconstruirlo con los materiales originales”, lamenta. Y agrega con contundencia: “No creo que el costo de mantener un sitio patrimonial sea el mismo que el de una restauración casi completa”.
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